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Regalo

  • Foto del escritor: Lola R
    Lola R
  • hace 2 minutos
  • 3 Min. de lectura

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Compré un regalo que, tal vez, nunca voy a entregar. Hoy, el silencio y la distancia son más fuertes que todo. 


Hay cosas con las que no se puede ni pelear ni luchar. Hay que dejarlas fluir. Porque de lo contrario, te ahogas. Te consume. Hay que aprender a escuchar ese silencio. Dejarlo respirar. A la distancia darle distancia y seguir. 


Cuando lo compré sabía muy bien lo que iba a pasar pero aún así lo hice. Porque en la vida hay cosas que, aunque sabemos de antemano el resultado, hay que hacerlas de igual manera. A sabiendas.


Llamé a una amiga y le pedí lo que quería que hiciera. Las piedras, el tamaño, los colores. Me gusta regalar cosas que sean especiales y únicas para cada persona. Que representen algo. Que tenga significado.


Si hay algo que yo amo es regalar. Me encanta. Me gusta recordarle a las personas de mi vida que son especiales, que pienso en ellos, que los llevo presentes. No importa en dónde esté si veo algo que me recuerda o se parece a ti, lo voy a comprar. Esas alegrías inesperadas nos dan vida y salud y son tan necesarias a veces. 


Por el contrario, me da un poco pachó cuando me regalan. No quiero que pasen trabajo buscando algo que me guste o así. No me gusta incomodar. A veces el tiempo y la presencia (y la paciencia) es más que suficiente. 


Una de las razones por las cuales me encanta regalar es que no soporto la idea de que alguien cercano a mí no reciba un gesto, un detalle, un regalo de nadie… y eso pasa tanto. Hay mucha gente en soledad. Hay muchos otros que tienen demasiado en su plato y entre sus prioridades no está regalar o pensar o acordarse de otros. Hay de todo. 


Constantemente digo que hay mucha gente que no es mala, sino que no son felices.  Les hace falta amor. No lo reciben. No lo saben dar. Un vacío que no se llena nunca. 


Siempre ha sido importante para mí dejarle saber a la gente cuánto los quiero, cuán especiales son. Especialmente en estas fechas, y aunque muchos puedan tratar de opacar estos días como algo “comercial”, no es menos importante aprovechar el momento y dejarle saber a la gente en tu vida que son valiosos. Un mensaje no te toma mucho tiempo.


Recuerdo, cuando era una chiquita, las sorpresitas que venían en un sobre amarillo. Cada sobre traía 4 o 5 regalitos. Casi todos porqueriítas y juguetitos. Yo AMABA esas sorpresitas. A cada rato Mami me regalaba una. 


Una vez, le pedí 3. Estuve toda la semana con la machaca de las 3 sorpresitas. El viernes llegó del trabajo con los sobres y sorpresita se llevó ella cuando salí corriendo a regalarlas.


Unos vecinos nunca habían tenido una. Eran tres hermanos y se las di. Yo estaba tan emocionada. No tengo idea de cuánto costaban. No tengo idea de si Mami las podía comprar esa semana. Lo que sé es que las compró, las regalé y no me regañó. Las sorpresitas siguieron llegando para mí.


Cuando estaba decidiendo qué regalarle a esta persona (y si debía regalarle, si se merece el gesto y todo lo demás) pensaba en si la gente en su vida aprecian lo que hace, quién es, cómo es. 


Y aunque todo eso se puede agradecer sin regalos, pienso que los objetos y lo material  son un recordatorio constante de lo que representas en otro. Es como fosilizar o encapsular momentos y emociones, ¿me explico? 


Que cada vez que lo vean sienta la misma emoción  y recuerden los sentimientos que provocan en los demás. Un recordatorio constante de su importancia en la vida, al menos, en la mía. 


Ojalá y todos reciban un gesto de amor en estas fechas. De agradecimiento. Ojalá escuchen palabras lindas y genuinas de la gente que tienen en su vida. Ojalá  les recuerden y les dejen saber cuán importante son para muchos aquí. 


Todavía no sé si entregaré el regalo. 

No sé qué pasará. 

La vida y sus misterios.

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