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Visa

  • hace 10 minutos
  • 2 Min. de lectura

A veces pienso en Mohammed y me inunda una tristeza que no puedo explicar. Siento que se me está olvidando su carita… pero tengo su voz clarita en la memoria. Y en el corazón. 


Mohammed fue mi estudiante en New Jersey por unos meses. Me cambió la vida. 


Sugar! Azúcar!Sukkar!


Ese era nuestro saludo diario. Él se moría de la risa cada vez que encontraba una palabra en español similar a una palabra en árabe. Me pedía que le explicara por qué el idioma era tan parecido. A veces, yo detenía la clase para escucharlo hablar de país, de su idioma. Para que repitiera las palabras en español.


Azúcar era su preferida. La mía también.


Mohammed estaba en New Jersey en una visa humanitaria porque su madre tenía cáncer… pero la visa llegó muy tarde y no podían hacer mucho más por ella. En el verano del 2023 yo regresé a Puerto Rico,  Mohammed y su familia regresarían a Palestina.


Nunca más he sabido de él o de su familia. 


Constantemente pienso en qué pasó. En cómo están. 


Hay gente que nos cambia la vida y no se enteran. No lo saben y seguramente nunca lo sabrán. Mohammed despertó en mí una sensibilidad que no sabía que yo tenía. Tal vez la transformó.


En esos meses, Mohammed me enseñó y a sus compañeros sobre su idioma, su país, su cultura… en medio del caos familiar y personal que lo rodeaba. El brillo de sus ojos nunca se opacó. Ojalá continúe. 


Todo este tiempo después aún lo pienso.


A veces, nos encontramos con personas que en medio de su tormenta personal nos enseñan que siempre hay espacio para la empatía y la alegría. No puedo lograr imaginarme la carga emocional que vivió o vive ese niño y la facilidad con la que nos contagiaba con su alegría, su entusiasmo.


Llegar a un país nuevo, a una nueva ciudad… una nueva escuela y lograr ser uno más sin perder su luz. Sin dejar que el peso de su realidad afectara su tiempo en la escuela. No sé si era que no sabía todo lo que pasaba con su madre o es que era más fuerte que eso. 


Hace poco hablaba con una amiga amiga sobre que, en ocasiones, todo le cae a la gente a la vez; de cantazo. Como si la vida se hubiera ensañado con ellos. Con enseñarles algo. Muchas veces lo único que podemos hacer es estar a su lado, apoyarlos, escucharlos. Nunca lograremos saber el peso de su vida y de todo lo que arrastran pero si podemos hacer la carga menos pesada, vale la pena. 


Tal vez nunca vuelva a saber sobre Mohammed o cómo está, o qué pasó... 

Tantas cosas que espero… 

Ojalá esté bien.  

Ojalá esté feliz.


Ojalá podamos encontrarnos con más gente con ese espíritu. Con ese ímpetu por vivir y aprender… y si no lo encontramos, convertirnos en uno.


Quiero pensar que las oraciones llegan y cuidan y acompañan. Es un buen consuelo para lo desconocido.

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